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La radiación UV-B es biológicamente
nociva, daña el ADN de las células y puede causar defectos genéticos en las
superficies externas de plantas y animales si se recibe en dosis altas. De
esta manera, los rayos UV-B pueden dañar la piel humana causando desde un
ligero enrojecimiento (eritemas) hasta quemaduras; incluso con el tiempo
pueden producir molestias graves, lunares, manchas y hasta cáncer en la piel.
Sin embargo, la radiación UV en dosis normales tiene efectos benéficos, pues
ayuda a producir ciertas vitaminas en el cuerpo evitando padecimientos como
el raquitismo de los huesos.
Efectos sobre la piel:
Las radiaciones UV entre 290 y 320 nm, se
denominan B (UVB) y son las responsables de los efectos biológicos más
importantes de dichas radiaciones sobre el ser humano. Sobre la piel, tienen
efectos nocivos a corto y a mediano plazo. El enrojecimiento de la piel
(eritema solar), desde leve a quemaduras importantes, es el pricipal efecto
nocivo inmediato. Los efectos a mediano plazo, destaca la mayor frecuencia de
cánceres cutáneos y el envejecimiento prematuro de la piel, y las
modificaciones en el ADN de los seres vivientes.
Es importante recalcar, que la radiación UV
solo constituye un riesgo para la salud cuando el ser humano se somete
repetidamente, durante años, a exposiciones excesivas para su tipo de piel.
El riesgo ante la radiación UV disminuye a
medida que aumenta el grado de pigmentación natural de la piel del ser
humano, siendo máximo en pieles muy blancas y mínimo en personas de piel
negra.
Efectos sobre la vista:
De los efectos de la radiación UVB, existen
muchas evidencias científicas del daño puede hacer sobre las delicadas
estructuras oculares. La afección más frecuente, en el mundo desarrollado, es
la aparición prematura de las cataratas, que en casos extremos puede se capaz
de producir ceguera.
Además el 10% de las personas mayores de 65
años de nuestro medio padecen una lesión en la zona de máxima visión,
denominada Degeneración Macular,
ligada a la edad en cuya producción también interviene la radiación
ultravioleta.
Y por último, uno de los canceres oculares
más frecuentes, el melanoma de úvea, está en franco aumento y se supone que
tiene una relación directa con esta luz solar.
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