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El sol emite energía radiante que se
propaga en forma de ondas electromagnéticas con diferentes longitudes de
onda. Dentro de este espectro pueden diferenciarse ciertas clases de energía
radiante como la Radiación Visible e Infrarroja, los Rayos Cósmicos, los
Rayos Gama, los Rayos X y los Rayos Ultravioleta. Estas últimas cuatro
clases, por su alta energía, alteran millones de compuestos orgánicos que
forman las células vivas, interfiriendo con los procesos biológicos del
cuerpo humano y produciendo muchos tipos de enfermedades, incluyendo diversos
cánceres. Los rayos UV emitidos por el
sol, abarcan un rango de longitudes de onda dentro de las cuales se
consideran tres clases, los rayos UV-A, UV-B y UV-C, los que por sus efectos
en los seres vivos, son de mucha importancia.
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La radiación en el espectro ultravioleta (UV):
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UV A está
constituida por longitudes de onda de 320 a 400 nanómetros ( 1 x 10 -9 mts);
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UV B las longitudes en el ultravioleta B son de 280 a 320 nm, son responsables de la formación de Ozono en la estratósfera y de las quemaduras en la piel producidas al
exponerse al sol sin la debida protección.
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y en el UV C, de 100 a 280 nm, son
filtrados totalmente por la atmósfera, por la capa de
ozono que se encuentra en la estratosfera.
Sin embargo, para el caso de los rayos UV-A, y UV-B, estos no son bloqueados
totalmente por ésta, ya que son los responsables de los fenómenos
fotoquímicos (como la generación de ozono troposférico) y de las quemaduras
en la piel producidas por la exposición al sol.
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